Programa

XVII REUNIÓN CIENTÍFICA DE LA FUNDACIÓN ESPAÑOLA DE HISTORIA MODERNA

LA CONSTRUCCIÓN DE ESPAÑA: DEL ORDEN JURISDICCIONAL AL ESTADO LIBERAL (SIGLOS XV-XIX)

LOS ENTRAMADOS SOCIALES DEL ANTIGUO RÉGIMEN

Vitoria-Gasteiz, 21, 22 y 23 de junio de 2023

PROGRAMA PROVISIONAL a 30/09/2022

CONFERENCIA INAUGURAL

María Victoria López-Cordón Cortezo

(Universidad Complutense de Madrid)

“La construcción de una comunidad política en los siglos modernos: Bases conceptuales y percepciones sociales”

En este programa, a los temas de las secciones y subsecciones expuestos en la primera circular, se añaden los ponentes y ponencias de cada subsección, así como el breve argumentario que proponen los organizadores, a modo de sugerencia, para dar coherencia científica al conjunto. Dicho esto, los contenidos, puntos de vista y coherencia final de la Reunión Científica vendrán dados -como no podía ser de otro modo- por el conjunto de aportaciones de los ponentes y comunicantes.

SECCIÓN A

LA CONSTRUCCIÓN DE ESPAÑA: DEL ORDEN JURISDICCIONAL AL ESTADO LIBERAL

(SIGLOS XV-XIX)

Si las naciones no son esencias, sino construcciones políticas, sociales y culturales que se configuran en determinados procesos históricos, es necesario investigar las transformaciones que conoció la Monarquía española a lo largo de la Edad Moderna. Para ello, proponemos una cronología amplia en la que se observa, en primer lugar, la estructura constitucional y la dinámica política de una monarquía compuesta y jurisdiccional; en segundo lugar, los agentes de la corona y las élites territoriales en la Monarquía de los Austria; en tercer lugar, el reformismo borbónico y la transición hacia el Estado liberal y, por último, el papel en este proceso de los actores del reformismo borbónico y de los sectores resistentes a las reformas.

Durante todo el Antiguo Régimen, la Monarquía española fue una monarquía señorial, compuesta y jurisdiccional: Una “monarquía de las familias” en la que los reinos, los estados señoriales y las repúblicas se construían mediante mecanismos familiares (matrimonios y herencias), en la que la autoridad pública estaba en manos de familias particulares y en la que éstas debían gobernar la república como buenos padres de familia. Una monarquía compuesta: un mosaico de reinos y de repúblicas que se agregaban bajo una misma corona conservando los ordenamientos jurisdiccionales que los constituían como tales. Una monarquía jurisdiccional en la que el poder político estaba sometido a un orden jurídico superior e independiente de él que lo limitaba en justicia, un orden configurado por las leyes de Dios y por los ordenamientos de los diferentes cuerpos del entramado corporativo.

¿Qué continuidades y transformaciones experimentó este ordenamiento a lo largo de la Edad Moderna? ¿Qué factores políticos, jurídicos, sociales y culturales intervinieron? ¿Qué actores los produjeron? ¿Con qué cambios, contradicciones y resistencias? ¿Con qué fuerzas centrífugas y centrípetas? Tratándose de un proceso histórico de gran complejidad, todas las comunicaciones que contribuyan a observarlo desde las diferentes disciplinas y desde la pluralidad de territorios del imperio serán bienvenidas.

A.1. Una monarquía compuesta y jurisdiccional

Palabras clave: Rey, reino, república, monarquía compuesta, monarquía policéntrica, imperio, jurisdicción, cooperación, conflicto, negociación, derecho, historia, fuero, contrafuero, provincia, instituciones.

Desde la Edad Media, la monarquía, pero también cada reino, señorío y república, eran agregados compuestos de cuerpos políticos de toda naturaleza: casas, ciudades, pueblos, corporaciones, estamentos.

En la monarquía compuesta, los reinos y las repúblicas se agregaban bajo una misma corona conservando sus ordenamientos jurisdiccionales, de tal manera que el rey debía gobernar cada comunidad de un modo particularizado, asistido por magistrados que le ayudaban a gobernar a cada uno según su derecho. Sin embargo, este proceso de agregación corporativa fue más que una simple yuxtaposición de reinos. Hubo dinámicas de cohesión que fueron dando forma a la Monarquía de España, tanto en el plano jurídico como en el plano social. Por un lado, los cuerpos políticos buscaron hacer respetar sus ordenamientos y afirmaron su identidad y méritos a través de tratados jurídicos, historias y crónicas oficiales. Así mismo, el trabajo de los letrados contribuyó a gestar una cultura jurídica compartida en la que los diferentes ordenamientos se fueron asentando en el conjunto común. Sin embargo, el desarrollo político de los siglos XVI y XVII sometió este conjunto a tensiones, cuando la lucha entre monarquías europeas multiplicó las presiones militares y fiscales en su interior, provocando contradicciones, revueltas y rebeliones.

Al mismo tiempo, sin embargo, la monarquía universal y los recursos de su imperio ofrecieron una extraordinaria estructura de oportunidades para quienes supieran aprovecharlas al servicio de la corona. En el plano social, el proceso de integración socio-política de la monarquía se ha descrito como un proceso en que redes locales de poder más o menos autónomas se fueron articulando, a través de las mediaciones de notables territoriales, en redes más amplias conectadas con la corte del soberano.

Ponencia A.1.

Manuel Herrero Sánchez (Universidad Pablo de Olavide): “Un agregado imperial de repúblicas urbanas: colaboración y conflicto en el marco de una monarquía policéntrica”.

A.2. Los agentes del rey y las élites territoriales en la España de los Austria.

Palabras clave: Élites de la España de los Habsburgo, monarquía polisinodial, consejeros, secretarios, virreyes, magistrados, obispos, militares, patricios, financieros, mediación, élites territoriales.

El rey gobernaba a través de secretarios, consejeros, virreyes, gobernadores, generales, embajadores, oidores, corregidores, visitadores… Sin embargo, el número de oficiales reales era muy insuficiente para regir un agregado de comunidades tan diversas, dotadas de un fuerte carácter corporativo y con un alto grado de fragmentación y de autogobierno. En la práctica, el gobierno de la monarquía se apoyaba en los vínculos entre la corona y las élites territoriales -señores, obispos, regidores, patricios locales-, que eran los mediadores necesarios para que la voluntad del rey se hiciera efectiva en sus territorios. El gobierno de la monarquía pasaba constantemente por una negociación entre la corona y las élites dirigentes de los cuerpos políticos, ya fuera por los cauces institucionales de representación corporativa, ya fuese mediante relaciones informales. En la práctica, la clave de bóveda del sistema político fue el flujo de intercambios entre el rey y las élites territoriales, en que el monarca recompensaba los servicios con cargos, honores, rentas y privilegios, a cambio de una lealtad que debía asegurar la gobernabilidad de los territorios y la percepción de los impuestos reales. A lo largo de la Edad Moderna, el rey se fue convirtiendo en el principal proveedor de recursos y, en esa mediada, fue adquiriendo un papel central en la obtención y mantenimiento del rango social. Esto le permitió gobernar jugando con la competencia de las élites del reino por obtener la gracia real.

¿Qué capacidad tuvo la corona para reconfigurar las élites de los territorios mediante la distribución de la gracia? ¿Con qué cronología? ¿Con qué resistencias? ¿Con qué resultados desiguales según los territorios?

Ponencia A.2.

Manuel Rivero Rodríguez (Universidad Autónoma de Madrid): “Centro y periferia: Consejos, agentes y territorios en la segunda mitad del siglo XVII”.

A.3. El reformismo borbónico y la transición hacia el Estado liberal.

Palabras clave: Estado, nación, naciones, reformismo, orden jurisdiccional, derecho, absolutismo, administración ministerial, consejos, fiscalidad, ejército, marina, magistratura, intendencias, regalismo, economía política, fomento, finanzas, articulación territorial, identidad, idiomas.

El siglo XVIII ha sido bautizado como “el siglo de las reformas”, pero los historiadores han debatido sobre el alcance de estas. Cuando se han comparado con la Revolución francesa se han infravalorado, pero si se comparan con el sistema político y social vigente hasta entonces -el orden jurisdiccional de una sociedad gobernada por la tradición- la cosa cambia. A lo largo del siglo XVIII se produjo en España la lenta emergencia de una monarquía administrativa junto a la jurisdiccional, y no pocas veces en conflicto con ella. Esta tendencia se materializó en una dinámica claramente estatal en la segunda mitad de la centuria, con el absolutismo ministerial. En esta óptica, el absolutismo sería la primera forma de modernidad política con respecto al orden jurisdiccional y la revolución liberal no consistiría tanto en la “democratización” que liberaría al “Estado moderno” del absolutismo, como en el establecimiento del Estado como ente legislador absoluto, con legitimidad para ordenar el conjunto de la sociedad, liberado de la tutela política de las leyes de Dios y de las constituciones del entramado corporativo y señorial. Para el absolutismo ilustrado, la voluntad de reformar fue general y se extendió a numerosos campos: no solo, como en el pasado, a las instituciones de la monarquía -la administración, el ejército, la fiscalidad…- sino a la propia sociedad, en abierta oposición muchas veces con la tradición recibida. Otra cosa es que se pudiera. La voluntad absolutista de reformas chocó con las enormes inercias y resistencias de las estructuras corporativas, religiosas, señoriales y clientelares del Antiguo Régimen, sin duda mucho más vivas en vísperas de la revolución liberal de lo que se había creído.

Ponencia A.3.

María López Díaz (Universidad de Vigo): “El reformismo político de los Borbones y sus limitaciones: una lectura histórico-jurídica”.

A.4. Los sectores del reformismo borbónico y los sectores resistentes al cambio.

Palabras clave: Élites de la España de los Borbón, ministros, intendentes, magistrados, obispos, militares, patricios, sociedades económicas, ilustrados, anti-ilustrados, opinión pública, prensa, tertulias, resistencias corporativas y estamentales, conflictos.

El modelo historiográfico de ruptura revolucionaria atribuyó la revolución a la agencia de una nueva clase política, la burguesía. En esta perspectiva, se adjudicó a ésta todo lo que en la segunda mitad del siglo XVIII significara progreso y novedad. Sin embargo, las revisiones recientes tienden a identificar a los sectores más modernizantes de la sociedad española con los sectores reformistas de la clase política, económica y cultural vinculados al gobierno ministerial y a las sociedades ilustradas, cualquiera que fuese su procedencia estamental. En las nuevas instituciones de gobierno se formaría una renovada clase política y cultural con nuevos valores, mientras que los sectores en que se había apoyado tradicionalmente la monarquía jurisdiccional perderían posiciones: la aristocracia señorial perdió el poder político, aunque mantuvo sus empleos honoríficos; la magistratura, educada en los principios jurisdiccionales, se vio subordinada al gobierno ministerial; el regalismo ganó importantes posiciones y en la segunda mitad de la centuria el clero jesuítico se vio postergado en favor de los sectores regalistas. Mientras se formaban minorías políticas reformistas e ilustradas, la mayoría de las élites del país y de las clases populares continuó anclada en las prácticas y valores de la cultura comunitaria, corporativa y estamental. Fue seguramente el caso de la mayoría de la aristocracia señorial y de la nobleza regional, de la magistratura, del clero no-regalista y de los gobiernos y corporaciones civiles y eclesiásticas de las ciudades.

Ponencia A.4.

Anne Dubet (Université Clermont-Auvergne, Francia): “Reformismo borbónico y resistencias: unos conflictos múltiples”.

SECCIÓN B

LOS ENTRAMADOS SOCIALES DEL ANTIGUO RÉGIMEN

Con esta sección proponemos reflexionar sobre las transformaciones y permanencias del vínculo social que se produjeron en la Monarquía española con los procesos de cambio de la “modernidad”, un termino ambiguo y difuso que, sin embargo, puede servirnos para designar de forma genérica los cambios que llevaron de los entramados corporativos medievales a “la sociedad de los individuos” contemporánea.

Sociólogos del siglo XIX, observando los cambios sociales que se estaban produciendo entonces en Europa, conceptualizaron este proceso como el paso de la “comunidad” a la “sociedad”. Esto es, la formación de una sociedad de individuos a partir de una sociedad orgánica, definida en términos de “comunidad” y articulada básicamente por lazos de sangre, de linaje y de señorío, por vínculos comunitarios y corporativos, en que el individuo no era autónomo, sino que se hallaba inserto desde el nacimiento en unas formas de organización colectivas y jerárquicas que condicionaban fuertemente su vida y condición.

Desde el punto de vista que queremos plantear, se trata del proceso de cambio de una sociedad en que los vínculos tradicionales que la ordenaban –domésticos, patriarcales, religiosos, comunitarios, corporativos, señoriales- se transformaron profundamente al hilo de movimientos económicos, políticos, religiosos, societarios y culturales, produciendo la emergencia del individuo autónomo -el ciudadano dotado de derechos individuales, con libertad de pensamiento, conciencia, emprendimiento económico y asociación- y, con él, de nuevas formas de organización económicas, sociales, políticas y culturales.

Sin embargo, estas transformaciones no se dieron sin contrastes, conflictos y resistencias. Con esta evolución –o revolución- el orden social dejó de ser algo dado por la tradición y legitimado por ella para devenir algo “problemático”, un orden que debía ser pensado y debatido, como muestran los enfrentamientos ideológicos de la Revolución y la Contrarrevolución.

B1. El entramado corporativo: casas, comunidades, corporaciones, parroquias, jerarquías.

Palabras clave: Comunidad, jerarquía, patronazgo, casa y familia, economía doméstica, parroquia, comunidad religiosa, municipio, gremio, cofradía, poderes locales, economía moral.

Esta subsección se centra en los vínculos del entramado corporativo que configuraban y reglaban la sociedad en casas, comunidades locales, corporaciones laborales, parroquias y señoríos. Estos vínculos se regían por reglas de funcionamiento y obligaciones que pesaban sobre los individuos de forma más o menos imperativa. Eran vínculos jerárquicos que comportaban subordinación a una autoridad, en una sociedad que se veía a sí misma como desigual pero justa. Y reclamaban, en principio, una acción solidaria en el campo social. Para entender este entramado desde nuestra “sociedad de los individuos” es necesario un importante ejercicio de alteridad antropológica e historiográfica.

¿Cómo se definían orgánicamente estas formas de organización? ¿Con qué legitimaciones? ¿Cuáles eran sus características? ¿Cómo funcionaban en la práctica? ¿Con qué coherencia y contradicciones? ¿Cuáles eran las ventajas y servidumbres de sus miembros? ¿Cuáles eran las obligaciones mutuas entre autoridades y subordinados? ¿En qué consistía su buen y mal gobierno? ¿Cuál era su “economía moral”?

Ponencia B.1.

José Ángel Achón Insausti (Universidad de Deusto): “Transformaciones del vínculo comunitario (siglos XVI-XVIII)”

B2. Lazos personales y redes sociales en el proceso de la modernidad.

Palabras clave: Individuo autónomo, libertad, globalización temprana, movilidad, conexiones, redes sociales, económicas e intelectuales, comercio, capitalismo, dinero, diplomacia, ejército, navegación, circulaciones, mestizajes, república de las letras, conocimiento, humanismo, Renacimiento, Ilustración, cosmovisiones, sociabilidades ilustradas, opinión pública.

Los factores de cambio que los historiadores han alegado para explicar la disolución del entramado corporativo y la «emergencia del individuo» en Occidente son diversos: Factores económicos, como el desarrollo del capitalismo, de la industria y de las relaciones mercantiles contractuales como disolventes de los vínculos feudales y corporativos. Factores culturales, como la fractura religiosa y los avances de la libertad de conciencia; la alfabetización, la multiplicación del libro y la lectura individual; el auge de la prensa y el nacimiento de la opinión pública; los progresos de las ciencias, la educación y la razón; la circulación de redes culturales, científicas e intelectuales desde el Renacimiento a la Ilustración. Factores políticos, como las ideas sobre el contrato social basado en el acuerdo de voluntades libres; los avances de la legislación general para el conjunto de la ciudadanía, en detrimento de los ordenamientos particulares del orden corporativo. Factores societarios, como la apertura de determinados sectores sociales a las redes de la globalización temprana, por las que circulaban las novedades, en contraste con el enclavamiento local y corporativo de los sectores tradicionales; la extensión de nuevas formas de asociación ilustradas, establecidas sobre la base de afinidades electivas, liberadas de trabas corporativas y estamentales;  el debilitamiento de los lazos verticales por el absentismo de los señores en la corte; el distanciamiento cultural de las élites “civilizadas” que rompe o debilita las convenciones y prácticas compartidas tradicionalmente entre élites y comunidad.

¿Cuáles fueron el alcance y las limitaciones de este proceso en España? ¿Hubo diferencias significativas según los sectores sociales? ¿La fuerza de los lazos domésticos, comunitarios, corporativos y religiosos que se observa en la sociedad española a finales del siglo XVIII no indica, comparada con otros países, la debilidad relativa del proceso de la modernidad en España?

Ponencia B.2.

Francisco García González (Universidad de Castilla-La Mancha): «Trayectorias familiares. Relaciones en movimiento y cambio social en la España del Antiguo Régimen».

B3. Contrastes culturales y civilizatorios del Renacimiento a la Ilustración.

Palabras clave: Reformismo, tradición, Ilustración, novedades, moda, majos, petimetres, lujo, cultura material, buenas maneras, civilidad, buen y mal gusto en las Artes, prensa, debates, proceso de la civilización, disciplinamiento, confesionalización, desigualdad cultural, fractura cultural, populacho, conductas soeces, oscurantismo, ignorancia, superstición.

Esta sección considera los procesos culturales que se dieron en la Monarquía española desde el siglo XV al XIX, centrándose especialmente en los contrastes culturales y civilizatorios que se produjeron en dichos procesos. Contrastes culturales entre la educación de las élites y el analfabetismo dominante. Reforma del clero en sus costumbres y pretensión de disciplinar los comportamientos de los feligreses. Civilización cortesana y mundo rústico. Élites ilustradas abiertas al “progreso” y comunidades enclavadas en la “tradición”.

Los contrastes ideológicos y civilizatorios alcanzaron su cénit en el siglo de las Luces. En la sociedad española de la segunda mitad del siglo XVIII, llama la atención la disparidad entre unos sectores minoritarios, que manifestaron tempranamente una gran apertura a las novedades ilustradas en las ideas, la cultura, los usos y los gustos, y amplios sectores, tanto de las élites tradicionales como del pueblo llano, que permanecieron enclavados local y mentalmente en los usos tradicionales. Este distanciamiento cultural contribuyó a fracturar la sociedad española. En este proceso, las “élites civilizadas” tendieron a separarse de las prácticas que habían compartido con el pueblo llano, denostándolas como vulgares, para encontrarse entre sí, cultivando formas de sociabilidad más refinadas. ¿En España, este fenómeno fue más tardío y limitado que en otros países occidentales? ¿Afecto únicamente a minorías cosmopolitas e ilustradas muy reducidas? ¿Tuvo la misma intensidad y las mismas consecuencias en todos los territorios? Durante mucho tiempo, nuestra historiografía ha atribuido los avances culturales y civilizatorios del siglo XVIII a la burguesía: ¿Fue esto así? ¿Cual fue, si no, la geometría social de estos contrastes? ¿De qué dependió?

Ponencia B.3.

Mónica Bolufer Peruga (Universidad de Valencia): “El “proceso de civilización” y el debate de los sexos. Tensiones y diálogos culturales”.

B4. Resistencias: de los motines populares a la Revolución y la Contrarrevolución.

Palabras clave: Desigualdad, economía moral, conflictividad social, resistencia, protesta, resistencia pasiva, malos usos, mal gobierno, marginación, criminalidad, cencerradas, transgresión moral, violencia, motín, revuelta, revolución, contrailustración, contrarrevolución.

Esta mesa pretende aglutinar la producción historiográfica sobre el conjunto de resistencias que se produjeron ante las novedades y reformas, a veces disruptivas, desde el siglo XVI hasta las primeras décadas del XIX. Las transformaciones económicas., sociales, políticas y culturales producidas por determinados agentes sociales suponían una ruptura con la economía moral de la comunidad y, en el siglo XVIII, chocaron tanto con los sectores de las élites tradicionales como con las clases populares.

La subsección se interesa por las revueltas de corte tradicional y por las diferentes formas de resistencia que se dieron durante la Edad moderna, pero también, superando los cortes cronológicos convencionales, por los movimientos de politización de estas diferencias en el curso de las alteraciones producidas desde finales del siglo XVIII. No en vano, desde posiciones ideológicas distintas, observadores del primer siglo XIX apuntaron a la existencia de una minoría ilustrada devenida constitucional, que apoyaría el cambio político, mientras la masa de la población permanecía anclada en su cultura local tradicional, con una actitud de resistencia activa o pasiva, o sencillamente intentando mantenerse al margen de los acontecimientos.

Ponencia B.4.

Mafalda Soares da Cunha (Universidad de Évora, Portugal): “Gente que resiste. Para una cartografía de las revueltas y resistencias en los imperios ibéricos (1500-1850)”.

CONFERENCIA DE CLAUSURA

Francisco Chacón Jiménez

(Universidad de Murcia)

“Transformaciones socio-políticas en España (siglos XVI-XIX). Nuevo paradigma”

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